Qué decir del Psicoanálisis que no se haya dicho ya. Es tan popular que difícilmente podríamos pensar una psicología sin Psicoanálisis; tal es así que para muchas personas, ambos términos son inclusive sinónimos. Pero más allá de lo que digan seguidores y detractores, el Psicoanálisis ha cambiado indiscutiblemente nuestra forma de pensar las relaciones humanas, y por ende, nuestra actitud hacia nosotros mismos.
En contra de lo que difunde la propaganda vestida de verdad científica, nadie nace fóbico, ansioso ni con baja autoestima sino que nos hacemos de estos problemas a lo largo de nuestra vida de relación. A tono con esta premisa el Psicoanálisis promulga que sólo una profunda relación terapéutica y un análisis de las causas permitiría la solución duradera de los síntomas.
Como es bien sabido, el Psicoanálisis también requiere del paciente un grado importante de compromiso con la sanación. En los últimos diez años han proliferado los fármacos que prometen sepultar la aflicción neurótica y las "terapias al gusto del consumidor" que volverían innecesario el compromiso terapeútico. La difusión mediática de estas prácticas vulgarizó discurso psicológico y le hizo perder especificidad. La medicalización de la psicología vuelve a convertir a la misma en un apéndice de la medicina, tal como ocurria en el siglo IXX cuando nuestra práctica comenzaba a nacer.
A excepción del los pacientes en riesgo, y los pacientes psiquiátricos en los que el tratamiento farmacológico es insoslayable, los tratamientos psicológicos son el medio natural para restablecer el bienestar y la autonomía del paciente.
Durante la entrevista previa al tratamiento aconsejamos al paciente acerca de cuál es la terapia de elección en su caso en particular (Psicoánalisis, Hipnoterapia, Terapia familiar y de Pareja) de acuerdo a su cuadro de situación, su diagnótico y pronóstico. |